manologo

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Su padre le había dicho que cuando cumpliera años, le daría como regalo el grueso libro encuadernado que estaba en el último anaquel del estante que estaba pegado a la puerta, dentro de la biblioteca;  ése, al que por más que tratara no llegaría, ni usando la escalerita con la que los mayores sí alcanzaban…

Desde abajo veía el lomo rojo y soñaba por las noches con las historias que contendrían las páginas, seguramente dibujos fantásticos o hermosas fotografías de lugares perdidos; el libro era su obsesión y la promesa nunca había precisado en qué cumpleaños recibiría el regalo.

Pasó el tiempo y cada vez que preguntaba por el libro, la respuesta era la misma: “Cuando cumplas años”; ya llegaba con la escalera hasta la parte del estante donde reposaba, un poco ladeado, el grueso libro rojo y una tarde en que estaba solo en casa, subió hasta…

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