Historias de una mente retorcida

El pitido de la maquina en la sala de terapia intensiva me indica que no queda mucho. El suero desciende lentamente, al igual que mis esperanzas de un regreso al punto inicial de un pasado en el que fui feliz. Pero no esa felicidad hipócrita en la que todo es color de rosa y los días son alegres y soleados. Sino esa que nos muestra que estamos vivos, que vamos por el sendero correcto y que si caemos, tenemos a alguien que nos ayuda a levantar.

Y es ella misma, la vida, que te arrebata de una u otra forma lo que te brindó. Como ese niño malcriado que al verte jugar con su juguete preferido te lo quita sin medir, dejándote inmerso en llanto.

Crecemos, maduramos y nos planteamos tantísimas veces como engañarla o, en su defecto, a su fiel compañero, el Destino…

Una enfermera entrada en edad me…

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