manologo

Tapa-album

Desde chico se acostumbró a canjear cosas: primero fueron las figuritas que le tocaban repetidas por otras que no tenía y le permitirían ir llenando el álbum de animales salvajes; cuando poseía alguna “difícil” duplicada, el canje mínimo que aceptaba era de tres por esa y escogiéndolas, claro.

Fue creciendo y canjeó zapatillas nuevas (que no le gustaban) por shorts y polos que eran perfectos para ir a la playa; canjeó libros, lapiceros y por uno de “tinta mojada” que había sido de su padre, consiguió un reloj con pulsera de metal.

Ya en la universidad llegó a canjearle a una chica los apuntes de unas clases a las que había faltado, por vales de la cafetería; en el cambio de dólares vio un negocio y como era una especie de canje, le gustó y comenzó a juntar plata, guardándola, para en un tiempo comprar la…

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