El bosque silencioso

II

Cuando aluden a su ilegitimidad, Fidel ríe también. Eso es algo caduco y sobrepasado. Sus primeros años en su pueblo natal están olvidados. Incluso tiene que hacer un esfuerzo memorístico para acordarse del nombre. Lleva tantos años en la capital, comiendo en sus restaurantes, paseando por sus calles, residiendo en el mismo ático que, a todos los efectos, él es un urbanita. Ni quiere ni conoce otra cosa.

Y sin embargo, en la ciudad, durante mucho tiempo, no le fue bien. Cuando acabó sus estudios universitarios, no tuvo problemas para encontrar trabajo como profesor. No es exactamente que los departamentos de su facultad se lo rifaran, como pregonan sus fans, pero es cierto que pudo escoger entre dos o tres puestos, siendo evidente que no hizo la mejor elección. Era demasiado joven y no estaba preparado para enfrentarse a clases numerosas de alumnos que tenían su misma edad o…

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