Por el Respeto a la Mujer
Debemos inmiscuirnos en la arquitectura que promueve la construcción del alma bajo una directriz que engendre en la sociedad la honestidad virtud valiosa que sitúa al ser humano en un elegido presto a formarse con la integridad que así lo exige el presente.
Dar cabida a este preponderado es dar cabida a sus sueños, porque el desamparo de un alma vacía convierte al individuo en un terreno estéril que a falta de educación y de valores carece de principios. Por tanto, hay que humanizar, hay que ser más humanos, porque en lo humano el ser actúa según la doctrina del bien y sus preceptos.
La sociedad hoy en día lleva una cruz muy pesada a cuestas y en la mujer recae un peso que no le corresponde cuando es usada y humillada como si fuera un objeto que se desecha, porque el uso y el abuso que sufre es signo de prepotencia por parte del hombre cuando actúa con violencia dejando a su paso hondas secuelas de dolor. Porque penosamente la violencia se ha engendrado en todo ámbito social pues es la voz ceremonial del insulto una espada que lacera la conciencia.
Del hecho y sus consecuencias hay mucha tela, y es preocupante la tasa en alza de separaciones conyugales porque secuestramos con agravios y señalamientos al ser más noble que existe y le robamos la paz tan preciada aniquilando los sueños de nuestro entorno.
Debe el individuo ejercer en la instrucción de su yo y edificarlo, asumiendo las consecuencias de sus actos con valor ya que el ego hace que pierda su esencia.
Porque es la desintegración moral el arma adversa al bien más poderosa lo que se constituye en la manifestación de un corazón extraño y ajeno a sus principios inculcados desde la infancia.
Entonces que en cada acto el ser humano haga un esfuerzo por reencontrarse, por resurgir, por colonizar el amor entre sus afectos: sólo de está manera podremos vivir bajo una sociedad que busca esa democracia entre el uno y el otro empezando por el respeto.
Autor:
Tony Cedeño
Ecuador